Hay profesionales cuyo recuerdo queda relegado al silencio de los antiguos legajos, pero la memoria de don José María Iglesias Barbá pervive inscrita en la rutina misma del municipio: en el propio callejero de Arahal.
Llegado en 1872 para ocupar la plaza de médico titular de Beneficencia, aquel joven facultativo instruido en Cádiz no concibió su estancia como un destino de paso.
Arraigó de forma definitiva en la localidad, trasladó a su familia, contrajo matrimonio con la marchenera Purificación Pulido Martín y entrelazó a los suyos con estirpes locales tan representativos como los Pedregal, fundiéndose por entero con el tejido social que lo acogió.
Mecenazgo y vocación formadora
Su entrega desbordó con atención creces los límites de la clínica, impulsado por el convencimiento de que el conocimiento constituía el motor indispensable para garantizar el porvenir de la comunidad.
Asumiendo un papel activo como sembrador de talento, sufragó los estudios de Farmacia de su sobrino José María Pedregal —germen de la histórica Farmacia Pedregal situada en la calle Corredera— y concedió una beca formativa a José María Morilla para que cursara la carrera de Medicina en Barcelona, propiciando el regreso a la campiña de un prestigioso oftalmólogo que enriqueció la atención sanitaria comarcal.
Generosidad para el ensanche urbano
Ese compromiso cívico alcanzó una dimensión material decisiva en el crecimiento urbano del pueblo. Preocupado por la modernización del entorno, el facultativo pasó de manera desinteresada terrenos de su propiedad en los cortinales de San Pedro e incluso donó un inmueble para su demolición, facilitando la apertura de una arteria estratégica que conectó de forma directa la calle de la Cruz con aquel sector en plena expansión habitacional.
Un nombre inscrito en la memoria colectiva
La gratitud comunitaria no se hizo esperar ante semejante muestra de desprendimiento vecinal: el 9 de enero de 1910, el Ayuntamiento de Arahal aprobó por acuerdo municipal rotular aquel nuevo trazado como Calle José María Iglesias.
Más de una centuria después, este enclave recuerda a los viandantes que el patrimonio y la identidad colectiva trascienden las grandes obras monumentales; descansan también en la memoria viva de aquellos benefactores que pusieron sus recursos, su generosidad y su vocación al servicio del progreso de su pueblo.