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José María Iglesias y la vacuna de Pasteur: cuando Arahal conectó con la vanguardia científica de París

El doctor José María Iglesias gestionó en 1887 el viaje a París de dos vecinos de Arahal para salvarlos de la rabia con la vacuna de Pasteur.

17 de septiembre de 2026
José María Iglesias y la vacuna de Pasteur: cuando Arahal conectó con la vanguardia científica de París

En 1887, la mordedura de un perro rabioso a dos vecinos de Arahal representó una sentencia de muerte prácticamente ineludible.

Durante siglos la ciencia médica se había mostrado incapaz de ofrecer respuestas eficaces frente a este mal, pero el escenario internacional acababa de transformarse de forma radical: apenas dos años antes, en 1885, Louis Pasteur había demostrado con éxito en París la viabilidad de su revolucionario tratamiento antirrábico .

En una España que todavía carecía de centros especializados e infraestructuras para aplicar aquel procedimiento experimental, la clarividencia del médico titular don José María Iglesias resultó providencial para desafiar un desenlace fatal.

Vanguardia científica frente a la fatalidad

Al corriente de las publicaciones y los debates más punteros de la medicina europea , Iglesias Barbá identificó de inmediata la gravedad de la herida y la urgencia del cuadro clínico.

Lejos de resignarse a los métodos paliativos de la época, depositó su confianza en la innovación desarrollada por Pasteur antes de que se manifestaran los primeros síntomas de la infección, momento a partir del cual el cuadro resultaba irreversible.

Su criterio técnico evitó dilataciones innecesarias y fijó como única salida viable el acceso directo al foco emisor de la vanguardia científica internacional.

Movilización institucional y proeza sanitaria

Dada la imposibilidad de recibir la inoculación en territorio nacional, el facultativo impulsó una enérgica ofensiva administrativa , coordinando con celeridad al Ayuntamiento de Arahal ya la Diputación Provincial de Sevilla para costear y organizar el traslado urgente de ambos pacientes hasta los laboratorios de la capital francesa.

La expedición culminó con un éxito rotundo: los dos vecinos recibieron un tiempo el tratamiento diseñado por Pasteur y lograron sobrevivir sin secuelas , rubricando uno de los hitos sanitarios más extraordinarios en los anales del municipio.

El triunfo de la medicina aplicada.

La gesta testimonia que el progreso científico no se circunscribió en exclusiva a las sondas de los grandes laboratorios metropolitanos , sino que dependió del arrojo de médicos locales comprometidos, capaces de derribar distancias geográficas para poner los mayores hallazgos biomédicos al servicio del vecindario.

La trascendencia social de este descubrimiento quedó reflejada con elocuencia en la prensa de la época , como ilustra el grabado publicado en 1886 por el semanario satírico francés Don Quichotte, donde se inmortalizaba a Pasteur bajo la figura de un ángel inoculador derrotando a la rabia para inaugurar una nueva era de esperanza médica.

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