Cuando Setefilla Guerra Nieto , matriarca y fundadora de la saga popularmente conocida como los 'Fillitas', inauguró las puertas del Salón Cervantes a principios del siglo XX, sentó las bases de una dinastía consagrada durante décadas a la cultura y el espectáculo en Arahal.
Lejos de extinguirse con su impulsora, el compromiso con la gran pantalla se transmitió de forma orgánica en el seno familiar , transformando aquel recinto pionero en el hogar artístico de varias generaciones de mujeres emprendedoras y creadoras.
Tras esa etapa fundacional, la gestión cotidiana recayó en su hija, Setefilla Fernández Guerra, quien contó con la colaboración continuada de su hermano Manuel para afianzar el negocio como el gran referente del ocio y la vida social arahalense.
El relevo generacional
La infancia y juventud de esta segunda generación discurrió entre tramoyas teatrales, proyectores y partituras, configurando un clima doméstico volcado por completo en las artes escénicas .
Setefilla Fernández y su hermano Manuel profesionalizaron la programación del espacio, negociando la llegada de compañías teatrales en gira y asegurando los estrenos cinematográficos más demandados del momento.
Aquel trasiego constante de actores, músicos y bobinas de celuloide no solo consolidó la viabilidad comercial del salón, sino que modeló la sensibilidad de los miembros más jóvenes de la casa, asegurando una continuidad vocacional que no tardaría en florecer.
La voz del cine mudo
El tercer eslabón de este estirpe lo encarnó la nieta de la fundadora , María Josefa Zayas Fernández . Criada bajo la estrecha influencia de su abuela y dotada de una marcada inclinación artística, recibió una rigurosa instrucción musical que halló en el patio de butacas del Cervantes su escenario predilecto.
Bajo la dirección y el magisterio del maestro Godino, María Josefa dedicaba largas jornadas a preparar, armonizar y ensayar las partituras que servirían de acompañamiento a las cintas silenciosas .
En aquellos años anteriores a la llegada del sonido comercial, la música en vivo constituía un elemento indisociable del lenguaje fílmico : a través del teclado del piano, traducía en acordes la atmósfera emocional, acentuaba el clímax dramático y marcaba el compás de las persecuciones cómicas , convirtiéndose en la auténtica voz de los fotogramas ante el público local.
Puente hacia una nueva era
La figura de María Josefa Zayas funcionó como el eslabón articulador entre las pioneras que levantaron el proyecto y las transformaciones que marcaron la segunda mitad del siglo XX.
Su legado quedaría estrechamente vinculado al futuro de la estirpe a través de su hijo, Carlos Maldonado Zayas , quien lideró una nueva etapa del espectáculo local que aún pervive con nitidez en el recuerdo de muchos vecinos.
La recuperación documental de las "Fillitas" evidencia así que la modernidad cinematográfica en Arahal no fue fruto de un impulso anónimo, sino de una vocación familiar tejida con esfuerzo empresarial, sensibilidad musical y liderazgo femenino a lo largo de más de medio siglo.