En Arahal, la historia local también se escribe a través de los apodos que definen su memoria colectiva. Pocos nombres han dejado una impronta tan arraigada como el de los "Fillitas" —a menudo transformado por el uso popular en 'Sillitas ' —, apelativo que bautizó simultáneamente a una estirpe pionera y al emblemático Cine Cervantes.
En el origen de este legado cultural, a finales del siglo XIX, emerge con fuerza la figura de Doña Setefilla Guerra Nieto , procedente de una familia con raíces en Lora del Río que se desarrolló en la localidad para iniciar una trayectoria vital marcada por la determinación, transformando las adversidades en el motor de una profunda revolución cultural.
Pionera contra la adversidad
Quedar viuda de forma prematura y al cuidado de cuatro hijos menores no frenó su espíritu emprendedor. Años después, tras rehacer su vida junto a otro vecino arahalense, canalizó su visión comercial hacia un objetivo inédito mediante la progresiva compra de parcelas colindantes, configurando con paciencia estratégica el solar definitivo donde más tarde abriría sus puertas el futuro Salón Cervantes .
Descrita como una mujer menuda, enérgica y resolutiva , gestionada en primera persona cada trámite, asumiendo el mando directo de las obras y del modelo de negocio en una época en la que el liderazgo femenino era una rareza absoluta.
El auge del Cervantes
La aportación de Setefilla trascendió lo inmobiliario al fundar el epicentro del ocio moderno local cuando el cinematógrafo apenas despuntaba en España.
El Cervantes no solo dio cabida a las primeras proyecciones silenciosas en la localidad, sino que albergó compañías teatrales en gira y espectáculos que conectaron al municipio con las corrientes culturales de vanguardia.
Origen de una dinastía
En el círculo íntimo era llamada con el diminutivo «Filla», un trato cariñoso que derivó con rapidez en el mote colectivo "Fillita", extendiéndose a sus descendientes y al propio edificio cinematográfico.
La trayectoria de Setefilla Guerra Nieto se sentó así las bases de una dinastía consagrada a las artes escénicas ; una valentía que no solo transformó el paisaje urbano de Arahal, sino que ascendió el proyector de una pasión familiar cuya posta recogería de inmediato su hija, Setefilla Fernández Guerra.