La primera presencia documentada del célebre arquitecto sevillano en Arahal no fue el fruto de un encargo puramente ornamental o suntuario, sino la respuesta perentoria a una grave contingencia edilicia.
El aviso de alarma partió del maestro titular del consistorio, José Gamero Lobato, quien advirtió formalmente sobre el severo desplome de un muro de fachada ubicado en la galería alta exterior derecha de las Casas Capitulares.
El riesgo de ruina amenazaba de forma directa la integridad del inmueble y exigía una intervención facultativa de máxima solvencia, escenario técnico en el que emergió de manera decisiva la figura de Aníbal González Álvarez-Ossorio.
Respuesta pericial ante la ruina inminente
Requerido por la corporación para evaluar los daños, el arquitecto apoyó la redacción del dictamen pericial, el presupuesto detallado y la posterior certificación técnica de los trabajos, fijando el coste de la intervención en siete mil pesetas.
Respaldado por este aval profesional, el Ayuntamiento decretó de inmediata la ejecución subsidiaria de las obras, procediendo al minucioso apeo y desmontaje de los elementos estructurales comprometidos para acometer con garantías la reedificación de la crujía afectada, frenando el deterioro del edificio civil más representativo del municipio.
Un hito clave para el patrimonio local
Aquel proyecto trascendió con creces la condición de un mero arreglo de albañilería. Intervenir sobre la Casa Consistorial equivalía a consolidar el corazón institucional de Arahal, enlazando directamente las necesidades de la administración local con el profesional más cotizado e influyente de la arquitectura andaluza de la época.
Aquella primera toma de contacto con las autoridades cívicas sentó las bases para el estrecho entendimiento que forjaría poco después con la influyente familia Benjumea, preludio necesario de sus dos grandes hitos en la localidad: el edificio de las Escuelas Graduadas para niños y el monumental camarín del Santísimo Cristo de la Misericordia.
Una grieta fortuita y una decisión técnica inapelable sellaron de este modo la huella del regionalismo sevillano en la campiña.